Todo es posible en Auckland

El guión tiene visos de repetirse. Como ya ocurriese en 1987, en la primera edición de la Copa del Mundo de Rugby, demasiados factores confluyen en una ecuación que hace 24 años acabó otorgando a Nueva Zelanda la única copa Webb Ellis que aguarda en sus vitrinas. El escenario, los actores en semifinales, una superioridad aplastante sobre sus rivales y el hecho de llegar invictos a estas alturas de campeonato, apuntan a una resolución que hace soñar a los neozelandeses.

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