Los Atlantes demostraron en Puertollano que nada es imposible

En rugby sucede una cosa. Por encima de la técnica o cualquier tipo de individualidad está la amistad y el grupo. Si los quince jugadores de un equipo se creen capaces de derrotar a sus contrincantes, da igual quien o que se interponga en su camino. Ya lo demostró Sudáfrica en la Copa del Mundo de 1995 cuando nadie pensaba que pudiesen frenar al todopodereso Jonah Lomu.

Pues bien, el Úbeda Atlantes, ese mismo equipo que durante todo el verano ha debido recorrer su ciudad en busca de un lugar en el que poder practicar su deporte, ese mismo grupo que ha tenido que superar multitud de circunstancias para poder participar en la III Liga Regional de Rugby de Jaén, ese club ha vuelto a demostrar de que pasta está hecho.

Foto | María Mohedano Torres

En Puertollano, frente a un club que cuenta con todas las facilidades para poder desarrollar su disciplina y que, ya en esta temporada 2012/2013 cuenta con dos equipos en su haber, los jugadores del club ubetense demostraron a todos sus paisanos porque han de apostar por esta disciplina. A estas alturas, de poco importa que en Rio 2016 el rugby vuelva a ser olímpico o que la Selección Española de rugby seven afronte la temporada más ilusionante del rugby español. Lo único que importa es que un grupo de amigos cada vez que visten su polo rojiblanco, olvidan todas las adversidades a las que han de hacer frente para disfrutar jugando al deporte que más les gusta.

De poco importa que el resultado final fuese de 14 a 15. Esos quince puntos van más allá.Lo que importa es que, sin apenas practicar disposición táctica (tan vital en un deporte como el rugby), los jugadores del Úbeda Atlantes Rugby Club supieron contener a los mineros de Puertollano luchando juntos en cada defensa. Ganando metro a metro lograron adelantarse en el marcador. No hubo acierto con el pie, pero de poco importaba. Como dice un amigo “la calle nos hace fuertes” y fue en los enfrentamientos directos con la delantera rival donde llegaron las anotaciones. Y no solo los puntos que aparecen en el marcador cuentan. Porque frenar un ataque rival en línea de marca hace mella en los contrincantes que, si antes admiraban la labor de los atlantes, a partir de ahora deberán transformar esa admiración en respeto sobre el terreno de juego.

Ni siquiera el cansancio físico, que se tornó en la principal baza del Puertollano para pelear por la victoria, hizo que los jugadores del Úbeda Atlantes Rugby Club abandonasen la ilusión por hacerse con el partido. Los placajes se sucedían mientras el pack de delantera manchego seguían abasallando las mermadas defensas ubetenses. Tocaba sufrir. Pero la diosa fortuna le debía una al Úbeda Atlantes.

La dedicación, la entrega, el enorme sacrificio que supone semana tras semana recorrer las calles de tu ciudad en busca de un lugar en el que poder compartir con tus compañeros algún pase, algún pateo, algún placaje, debían de obtener recompensa. Y así fue. Un pateo a palos que acabó por estellarse en el poste y otro que no alcanzó la portería dieron el triunfo al Úbeda Atlantes Rugby Club. La victoria fue para esos auténticos rugbiers que no cesan en su lucha por poder compartir con sus amigos algún que otro momento de gloria con aquello que siempre supieron, y que cada día demuestran, es más que un deporte.

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