¿Por qué nos empeñamos en empezar la casa por el tejado?

En esta ocasión, y sin intención de sentar precedente, me permitiré la licencia de teñir de opinión mis palabras que, como podrán imaginar, aún no gozan de la entidad de los comentarios de amigos y compañeros como Fermín de la Calle, José Manuel Ibáñez, Juan Carlos Abad, Felipe Rodríguez o Juanjo Vispe. Seguro que a todos ellos, que tanto llevan recorrido en esto del rugby, les pongo en bandeja que me dejen algún que otro ‘recado’, pero me apetece ‘meterme en camisa de once varas’ y compartir con vosotros mis impresiones del pasado Foro 2014 que organizó el Diario AS.

Bryce Bevin en el Foro 2014 AS

El rugby, a diferencia de otras disciplinas, es un deporte con muchos recovecos, con muchos entresijos burocráticos difíciles de conocer si no te zambulles por completo en el entorno que lo rodea. Pero si, como hace ya algunas décadas en aquellos países en los que el rugby dio sus primeros pasos, en España se hubiesen sentado las bases de una férrea estructura, muchas de las trampas que actualmente nos atrapan al adentramos en el frondoso bosque de la disciplina habrían desaparecido y ahora reinaría la paz y la armonía. Lamentablemente no fue así.

Prueba de ello fue lo que el pasado lunes se comentó en el Foro 2014 que organizó el Diario AS y que contó con la presencia del seleccionador nacional de rugby XV, el neozelandés Bryce Bevin. Esta charla coloquio volvió a dejar patente cuál es el estado de salud del rugby español. La ausencia del presidente de la Federación Española de Rugby en un nuevo empujón a la disciplina, la aseveración por parte de Bryce de que no lee lo que la prensa española dice del rugby patrio porque “no estoy loco” o los delirios de anquilosados presidentes que, a tenor de sus palabras, hace mucho tiempo que dejaron atrás sus tardes en el Central.

No obstante, y pese a que, como viene siendo habitual en este tipo de reuniones, la gran mayoría de los asistentes aparentaba poseer la llave maestra para acabar de un plumazo con todos los males que asolan el rugby español, muy pocos parecen ser conscientes de lo que a mi juicio se torna primordial.

Aprovechando que la cita tuvo lugar en el Espacio 2014, centro de mando del Mundial de Baloncesto que el próximo año acogerá España, hay quien preguntó cómo en un país de ‘bajitos’, como es España, uno de los mejores combinados sea el de baloncesto. José Luis Sáez, presidente de la Federación Española de Baloncesto, no dudó en contestar argumentando la consolidada estructura y la gran hornada de jugadores que en los últimos años habían contribuido a llevar a la selección a los más importantes triunfos de su historia. Bryce Bevin fue más contundente a la hora de argumentar por qué el rugby ha encontrado tantos contratiempos en su implantación: “es más fácil mover a cinco jirafas que a veintidós toros”.

Sin duda alguna, razón no le falta al seleccionador. Pero yo iría más allá. ¿Cuándo agarraron esos ‘toros’ un oval por primera vez? ¿Cuándo tuvieron la oportunidad de disfrutar del rugby en un club? Creo que, más allá de la gran verdad a la que siempre recurre el amigo Felipe de que “lo que hacen falta son 10 millones de euros”, lo que realmente podría dar un giro a la situación es ampliar la masa social del rugby.

En su intervención, Fermín de la Calle aludió a la primera vez que Bryce Bevin aterrizó en el rugby español. Fue en 1993 cuando este neozelandés tomó las riendas del destartalado rugby español para, armado con una maleta repleta de VHS con multitud de partidos, recorrer la geografía española y contar las bondades de este deporte. Ahora, según reconoció el propio Bryce, la única diferencia entre aquel rugby y el que existe actualmente “es que no son vídeos, son DVD’s”.

Por eso, lejos de las efímeras estructuras que la FER trata de construir y sobre las que todo el mundo parece tener licencia para opinar, ¿por qué no hacemos un ‘comando de Bryce’s’ que recorran toda España con el único objetivo de poner el oval en manos de los niños? ¿Por qué no dejamos de lado el Mundial de Inglaterra en 2015 y destinamos todos nuestros esfuerzos en llegar a Japón 2019 con una disciplina sumamente consolidada en los colegios?

Rumbo al centro de Madrid tuve ocasión de charlar con Mario Ornat quien, al igual que yo y que el amigo Juan Carlos Abad, no pudo disfrutar de la magia del rugby hasta abandonar las paredes de la escuela primaria. Para que eso no suceda, para que dejemos atrás aquellos años en los que, como sucediese en la Inglaterra del siglo XIX, sean los universitarios los encargados de relanzar a este deporte, por qué no aparcamos las “grandes hazañas” e invitamos a ayuntamientos, diputaciones y demás instancias administrativas a apostar por un deporte diferente.

El día en que vea correteando por la calle a un niño con un oval en sus manos, sé que las bases para alcanzar grandes cotas estarán asentadas. Hasta entonces, en mi humilde opinión, seguiremos siendo unos ‘tarugos’.